Hay cornadas que se sienten tan adentro que te cogen despistado y otras que las ves venir. Son bandazos que te dejan desplumado como un gato escaldado que ya no puede dormir. Acostumbrado a vivir en este círculo de albero bailaré en la navaja con zapatitos de acero...
Me subí a una racha de Levante y vestido de feriante yo me fui a divertir, a la feria con las penas bien clavadas y la risa preparada porque hay que sobrevivir. Estaba claro que la suerte va y viene como quiere, aterriza y despega y de todo se cachondea.
Estas heridas quizás no matan, pero te duelen, siempre te duelen, y si el toro se pone bravo, te coge, siempre te coge...
Secuestrado por el ritmo pachanguero y lo falso del "te quiero" no me quise derrumbar. Que hay heridas que aunque no sangren por fuera, no se curan y con ellas te tienes que levantar. Invisibles y traidoras son las marcas de las cosas que los años te suavizan pero nunca se te borran...
Estas heridas quizás no matan, pero te duelen, siempre te duelen, y si el toro se pone bravo, te coge, siempre te coge...
Porque la vida, te da y te quita, y a veces duele, ¡joder si duele!
Quiero escucharte pero no puedo me tengo que ir toda mi agenda es un gran libro por escribir Tiempo.
El medico dice que descanse un poco que solo es estres que tantas pastillas y tanto café no me harán ningún bien mando un mensaje en una botella que navegara con todos mis sueños con la libertad que algún día vendrá.
Tiempo no lo busques mas no se puede comprar tiempo
un grito de auxilio al que no acudirán tiempo perdido tiempo cruel estoy sometido y voy a perder y todos los planes que hiciste ayer no cuentes conmigo no hay nada que hacer miro el reloj que no quiere parar con sus manecillas me controlara. como un robot que no sabe pensar camino deprisa y a ningún lugar...
Al final del día han quedado cosas aun por hacer nadie me llama creen que me he ido hace ya mas de un mes quizás un instante tan solo un momento quisiera robar a ese tirano a kronos el dios que te va a devorar.
Tiempo no lo busques mas no se puede comprar Tiempo
Un grito de auxilio al que no acudirán tiempo perdido tiempo cruel estoy sometido y voy a perder y todos los planes que hiciste ayer no cuentes conmigo no hay nada que hacer miro el reloj que no quiere parar con sus manecillas me controlara. como un robot que no sabe pensar camino deprisa y a ningún lugar...
quiero llamarte y ver si hay un hueco y podemos hablar y es que es muy cierto el tiempo es oro quizás vale más
Tiempo no lo busques más no se puede comprar Tiempo...
He prometido pedirme perdón me he confesado con mi corazón me he enamorado de todo mi amor me he permitido cerrarme tu adiós.
Y de repente apareces tú mientras me hablas hago que estoy dormida te mentiría si negara hoy que desde entonces sólo sueño contigo.
Tú entiendes mis silencios sólo tú conoces mis secretos, sólo tú comprendes cada gesto, sólo tú.
Me ha sonreído el espejo hoy he decidido levantar la voz he despedido mis fantasmas hoy y me he gustado tal y como soy.
Y de repente apareces tú mientras me hablas hago que estoy dormida te mentiría si negara hoy que desde entonces sólo sueño contigo.
Tú entiendes mis silencios, sólo tú conoces mis secretos, sólo tú comprendes cada gesto, sólo tú.
Y yo solo quiero entregarme, comprenderte, cuidarte, darte mi corazón quiero que llegues a ser mi alma y mi intención mi vida y mi pasión mi historia de amor.
Tú entiendes mis silencios, sólo tú me subes hasta el cielo, sólo tú eres mi alma, eres mi inspiración.
PAJAROS EN LA CABEZA - PEDRO GUERRA E ISMAEL SERRANO
Miraba a la ventana y soñaba con ser un astronauta pisando la luna y el cielo lo cruzaban galeones, delfines, cometas, falúas. Y en la pizarra el profesor dictaba los teoremas. En su cabeza sonaba el canto de un gorrión, pájaros en la cabeza.
Salía siempre tarde castigado por no estar nunca donde debiera y en casa le esperaban el tedio y la comida servida en la mesa. De fondo el rumor de un televisor y madre suspirando. '¿Dónde andas hijo mio? Siempre en las nubes,' y nadie escucha el telediario.
Pájaros en la cabeza y volar a donde las ventanas siempre están abiertas, donde el humo de tus pasos nos enseña a vivir. Pájaros en la cabeza y soñar que aún contaré relámpagos contigo, aunque el tiempo y la arena escondan el camino hasta ti.
El tiempo pasó y todos crecimos bueno, no todos, algunos seguían mirando por la ventana y sobrevolando la moqueta azul de la oficina. En el trabajo aún se perdía en las selva de sus sueños y un grito le nombraba, le arañaba y rompía el dulce sortilegio.
Madre aún seguía sirviendo la sopa, '¿Cuándo sentarás la cabeza? Un día la abriremos y bandadas de cotorras escaparán de ella'.
Él sonreía sin dejar de mirar por la ventana, soñando mundos mejores, lluvias que caían sobre parejas que se amaban, claveles en los fusiles, barcos que sueltan amarras, luces de faros, besos de mujeres que nunca, nunca le miraban.
Pájaros en la cabeza y volar a donde las ventanas siempre están abiertas, donde el humo de tus pasos nos enseña a vivir. Pájaros en la cabeza y soñar que aún contaré relámpagos contigo, aunque el tiempo y la arena escondan el camino hasta ti.
Una mañana de enero nuestro hombre se subió a lo alto de la Torre España para ver si al morder el azul gris del cielo los pájaros callaban. Mirando absorto la ciudad, ni el rumor de su pecho escuchaba, ni a madre, ni al televisor, ni a la oficina, sólo un lejano batir de alas.
Cuando nos quisimos dar cuenta nuestro chico había desaparecido. Nadie en lo alto de la torre lo vio abandonar la sombra gris del edificio. Nadie lo vio caer al suelo, nadie oyó sus carcajadas, sólo el sonido de cien pájaros -o alguno más- escapando de sus jaulas.
Nada se supo de este soñador, del canto de sus aves, hasta que llegaron cartas, retazos de sus alas en forma de postales.
Pájaros en la cabeza y volar a donde las ventanas siempre están abiertas, donde el humo de tus pasos nos enseña a vivir. Pájaros en la cabeza y soñar que aún contaré relámpagos contigo, aunque el tiempo y la arena escondan el camino hasta ti.
Pájaros en la cabeza y volar a donde las ventanas siempre están abiertas, donde el humo de tus pasos nos enseña a vivir